El contrato de mandato: análisis jurisprudencial

Iciar Bertolá Navarro

Directora de Sepín Obligaciones y Contratos

El Código Civil define el mandato en su artículo 1709 como el contrato por el que uno se obliga a prestar algún servicio o hacer alguna cosa por cuenta o encargo de otro.

La expresión “prestar algún servicio” es tan vaga e imprecisa que ha originado fuertes discusiones doctrinales y prácticas respecto a la distinción entre mandato y arrendamiento de servicios, tema que ya fue abordado en este post, donde se exponen diferentes criterios para diferenciarlos.

El concepto de mandato que da el artículo 1709 del Código Civil se centra en la idea del acuerdo por el que una persona -mandatario- se obliga hacía otra -mandante- a realizar algún acto jurídico por cuenta de ésta, y señala la jurisprudencia consultada que la validez del mandato viene determinada por la existencia del consentimiento (AP Valencia, Sec. 6.ª, 22-02-2011), cualquiera que sea la forma en que se manifieste.

El mandato es por tanto un contrato consensual, no está sujeto a exigencias formales, puede ser escrito o verbal y darse por instrumento público o privado. Puede ser expreso o tácito, pudiendo derivar de actos que impliquen necesariamente de manera evidente y palmaria, la intención de obligarse, debiendo acreditarse en debida forma las facultades conferidas por el mandato.

El Tribunal Supremo ha sentado una sólida y constante doctrina jurisprudencial en cuanto la confirmación del mandato verbal estableciendo que:

  1. La existencia del mandato tácito es una cuestión de hecho que, junto con su alcance, debe probarse por quien lo invoca.
  2. Su existencia no puede presumirse.
  3. Los actos posteriores que acrediten la existencia de un mandato tácito deben ser «evidentes» e «inequívocos».

Según se desprende del art. 1711 CC el mandato tiene como elemento natural la gratuidad, a falta de pacto en contrario por el que se establezca una retribución, existiendo una presunción de retribución cuando el mandatario tiene por ocupación el desempeño de servicios de la especie a que se refiere el mandato.

Señala la sentencia de la AP Málaga, Sec. 6.ª, de 15-7-2015 que la  doctrina y jurisprudencia mayoritarias diferencian los conceptos de mandato y representación, pues el mandato afecta y disciplina la relación interna mandante-mandatario, mientras que el apoderamiento trasciende a esa relación y es lo que permite vincular al mandante con los terceros con los que contrata el mandatario, siempre que éste actúe dentro de los límites del poder que le fuera otorgado.

Aunque en la práctica poder y mandato aparecen normalmente unidos, ello no es esencial, pudiendo existir por separado.

Entendiendo el mandato como contrato obligatorio en virtud del cual el mandatario se compromete a hacer algo por cuenta del mandante, es diferente de la representación directa, acto unilateral del poderdante en cuya virtud el apoderado adquiere la facultad de obrar por cuenta y en nombre de aquel. Es posible que exista:

  • Representación directa sin mandato, por ejemplo sociedad en la que se nombra representante a un socio.
  • Mandato sin representación directa, como un contrato de mandato puro que contempla el artículo 1717 CC, en que actúa el mandatario en su propio nombre, por cuenta del mandante al que luego trasladará los efectos de su actuación con terceros
  • Mandato con representación o representativo que superpone a la relación jurídica del mandato, la del poder de representación, por lo que el mandatario, al contratar con terceros, hace uso de dicha facultad, actuando por cuenta del mandante y además en su nombre, de manera que las consecuencias jurídicas de su actuación se producen directamente en la esfera del mandante sin que sea preciso transmisión y a los efectos de terceros es como si el propio mandante fuera el que contratase.
  • Mandato puro, que es al que se refiere el Código Civil en su artículo 1717 cuando establece que cuando el mandatario obra en su propio nombre el mandante no tiene acción contra las personas con quien el mandatario ha contratado ni estas tampoco con el mandante, en este caso el mandatario es el obligado directamente en favor de la persona con quien ha contratado, como si el asunto fuera personal suyo.

El art. 1712 CC establece que el mandato puede ser general o especial, el primero comprende todos los negocios del mandante, y el segundo uno o más negocios determinados, lo que para el código es diferente de la clasificación establecida en el precepto siguiente, el 1713 y referido al mandato concebido en términos generales, que no comprende más que los actos de administración, y sin embargo para transigir, enajenar, hipotecar o ejecutar cualquier otro acto de riguroso dominio se necesita mandato expreso.

Sobre la suficiencia del poder, relacionado con las facultades conferidas al apoderado es importante tener en cuenta la reciente sentencia del TS de 27-11-2019 dictada por el Pleno, por lo que sienta doctrina jurisprudencial modificando la doctrina del Alto Tribunal existente hasta la fecha, y que mantiene que si en el poder general se especifica la posibilidad del apoderado de ejercitar actos de riguroso dominio, no es necesario que se designen los bienes concretos sobre los que se pueden realizar las facultades conferidas.

Jurisprudencia de interés:

Acabamos con una selección de resoluciones dictadas en relación con este contrato:

La vendedora aceptó el dinero del comprador en base al contrato celebrado por el mandatario, pero eso no significa que quedase vinculada a cualquier actuación realizada por este, como fue el aceptar la renuncia de la compradora

TS, Sala Primera, de lo Civil, 3-7-2019

SP/SENT/1012509

Se declara nula la venta realizada por el mandatario sobre los bienes del mandante por encontrarse el poder extinguido por fallecimiento del poderdante, acreditándose que tal circunstancia era conocida por el mandatario cuando actuó como tal

TS, Sala Primera, de lo Civil, 13-2-2014

SP/SENT/752685

El mandatario, que actuó en nombre propio, responde de gastos reclamados, derivados de la cesión del derecho de uso del amarrador, sin perjuicio de las acciones que correspondan frente al beneficiado por sus acciones

AP Barcelona, Sec. 19.ª, 20-6-2019

SP/SENT/1013786

El otorgamiento de los negocios jurídicos cuando el mandante estaba hospitalizado y con problemas psiquiátricos acreditados justifica la ineficacia de las donaciones, por falta de consentimiento

AP León, Sec. 1.ª, 27-11-2018

SP/SENT/987364

Para un estudio detallado del contrato de mandato, os recomiendo la Guía Temática digital publicada en enero de 2020 en la que podréis encontrar doctrina, formularios, consultas y la jurisprudencia más relevante:

 

2 comentarios en “El contrato de mandato: análisis jurisprudencial

  1. Estimada amiga:

    Cuando tenga un hueco leeré tu artículo. Pero ya con el sólo título tengo que hacerte una apreciación. El mandato no es un contrato por varias razones:
    a) Por que un contrato no es más que la documentación formal de un acuerdo, un instrumento de prueba.
    b) Porque el mandato no es un acuerdo sino un convenio. Para que lo entiendas, los actos de consenso (género) se distinguen en las siguientes especies:
    – Acuerdos: son actos de consenso caracterizados por la concurrencia de tres requisitos: son principales, contienen prestaciones y son negociados.
    – Uniones: como el matrimonio o la sociedad, que siendo actos de consenso no son acuerdos porque no contienen prestaciones (buscan crear una unión pero no las contiene, sin perjuicio de que los ya unidos puedan realizar futuras prestaciones, como la aportación social o los acuerdos entre ya cónyuges del 1.323 CC)
    – Convenios: son también actos de consenso pero no acuerdos porque no son principales. Pueden ser instrumentales (¡¡como el mandato!!), preparatorios (capitulaciones) o accesorios (fianza).
    – Adhesiones: son también actos de consenso pero no acuerdos porque no son negociados (sobre esto voy a escribir mucho, por si os interesa y queréis que os redacte algún artículo) y el régimen tiene que ser totalmente distinto. Esta distinción puede dar lugar a una debacle de toda la legislación y jurisprudencia en materia de «consumidores».
    Como puedes ver, todo parece lo mismo, porque en realidad son todos actos de consenso. Pero que así sean no quiere decir que no sean distinguibles. Que una adhesión sea un acto de consenso no significa que deba ser tratado como un acuerdo (que no contrato). Que un mandato sea un acto de consenso no quiere decir que merezca ser llamado acuerdo (que no contrato).
    Espero que te guste y, sobre todo, que no te molesten mis reflexiones. No pretendo poner en evidencia a nadie. A mí lo único que me mueve es buscar la Verdad y ayudar a mis semejantes.

    Un fuerte abrazo.

  2. No es cierto que:
    a) El mandato sólo pueda ser expreso o tácito. También puede ser presunto, que no es lo mismo que presumir su existencia. Una cosa es cuál es el punto de arranque (en realidad es una presuposición y no una presunción: ya explicaré las diferencias, si queréis) y otra que se pueda probar su existencia por medio, entre otros, de indicios.
    b) La voluntad resultante de actos posteriores sea una forma de manifestación tácita, sino expresa-implícita. Lo tácito se deriva de guardar silencio, absolutamente nada más. Si se realizan actos posteriores, configuran un signo tan válido para configurar una voluntad expresa como la palabra o el papel. El art. 1.311 CC, por ejemplo, es una prueba manifiesta de ese error. Después de decir que la confirmación puede ser tácita, dice que tiene lugar cuando se realizan actos que IMPLICAN la voluntad de aceptar. La mayoría de los juristas no sabéis que lo expreso es el género y lo explícito e implícito sus especies. Algo es ex-preso porque se saca de dentro. Esa voluntad se consideraba en la antigua Roma como si fuera un plícitus (papel doblado). Su cara externa era lo que se decía, escribía y hacía posteriormente por sí mismo (directa o indirectamente o por ironía). Su cara interna era lo que se decía, escribía y hacía posteriormente, apoyándose en la cara externa pero «en el mismo folio», por que así se deducía por razón de necesaria conexión.
    Cuando tenga un ratito, sigo con el resto del artículo. Si queréis algún comentario o aclaración adicional, no tenéis más que decírmelo. Un abrazo a todos.

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