La neutralidad de la mediación y “subirse al balcón”

Comparte en tus redes
Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn6Share on Google+0Email this to someonePrint this page

Gema Murciano Álvarez

Documentación Jurídica de Sepín. Mediadora familiar. Abogado

No hace mucho leí en la prensa, en relación con los numerosísimos despidos que iba a llevar a cabo Iberia, que los sindicatos firmarían la propuesta del mediador para, con ello, poner fin a la huelga que se había establecido como medio de protesta, algo que, a priori, va contra los principios informadores de la mediación.

Estos principios se recogen en el Título II de la Ley 5/2012, de 6 de julio, de Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles  y, a su vez, el art. 8 recoge precisamente la neutralidad, un distanciamiento con el conflicto de otras personas que conlleva, además, una no implicación personal.

La neutralidad aplicada a las personas debe entenderse como una neutralidad relativa, pues es evidente que nadie es absolutamente neutral; no obstante, sí existen graduaciones del término, lo que permite que se pueda ser más neutral o menos.

La redacción dada por la Ley deja un poco en el aire la definición de neutralidad, lo que ha dado pie a que se opine que se deja la puerta entornada para que el mediador pueda aportar alguna solución en un momento de estancamiento. Sin embargo, existe otro escenario en el se comparten muchos rasgos con la mediación, si se permite una actitud proactiva del tercero neutral, y es la conciliación. Por mi parte, y quizá influenciada por mi formación en Derecho, si la Ley no ha establecido esa posibilidad y no distingue, nosotros no debemos hacerlo.

Entiendo que esta neutralidad, además de una no implicación personal, supone una actitud que no favorezca a ninguna de las partes, pues se corre el riesgo de ser percibido como un posicionamiento y, por lo tanto, puede deslegitimar al mediador, lo que lo convierte en un  reto doblemente complicado para él, dado que estamos acostumbrados a acudir a un profesional (abogado, farmacéutico, electricista…) para que nos asesore y nos diga qué y cómo hacer. Pero esta falta de propuesta no debe significar una falta de acción por parte del profesional ni que se deje a voluntad de las partes el proceso, pues, en su art. 13.2, la norma exige una conducta activa tendente a lograr el acercamiento entre las partes  y, además, mediante las técnicas de mediación, con la pregunta como herramienta estelar, se debe ir señalando el camino que irán tomando los mediados, que será un indicador de que ven el conflicto de una manera más amplia, atendiendo a sus intereses y fuera de sus posiciones iniciales.

Si pensamos en ese distanciamiento emocional, es sencillo que nos venga a la cabeza la técnica denominada “subirse al balcón, acuñada por  William Ury en su libro “Supere el No” (“Getting past No”), en el que se abordan distintos métodos a tener en cuenta para cuando se está frente a personas que adoptan posiciones inflexibles.

Mediante esta técnica, se consigue un distanciamiento emocional para mirar desde lejos lo que está más cerca, lo que nos permitirá evaluar el conflicto desde otra óptica y pensar cómo guiar a las partes hacia el acuerdo que las satisfaga, por supuesto, sin entrar en ese juego de inflexibilidad y guardando la compostura, sin perder los papeles. Este “subirse al balcón” puede realizarse de varias maneras, repitiendo lentamente las propuestas de la otra parte, haciendo pausas y callando o, incluso, pidiendo un receso. Entiendo que este distanciamiento emocional o alejamiento del caso está emparentado con la neutralidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, sería deseable que los agentes informadores usaran con más propiedad el lenguaje, evitando titulares erróneos como el mencionado más arriba, que acarrean confusión entre los receptores de la información. Las propuestas del mediador, además de dar soluciones a conflictos que no son nuestros, van contra esa neutralidad que exige la Ley.

Comparte en tus redes
Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn6Share on Google+0Email this to someonePrint this page

One thought on “La neutralidad de la mediación y “subirse al balcón”

  1. En mi opinión, nada impide –sin quebrantamiento de la norma, ni en el fondo ni en la forma- que el mediador pueda “formular propuestas de solución, o adoptar una actitud activa en busca del arreglo”, sin que ello afecte a su imparcialidad ni neutralidad, en línea con la naturaleza de la “evaluative mediation” anglosajona. Y así se recogía ya en el Dictamen del Consejo de Estado de fecha 17/02/2011 sobre el Anteproyecto de Ley (http://www.boe.es/buscar/doc.php?coleccion=consejo_estado&id=2010-2222 ) en relación con la interpretación del ahora art. 13.2 de la Ley 5/2012, cuando habla de “conducta activa”, y cuyo texto, en concreto, cito a continuación:

    “El mediador es imparcial pero, además, es neutral, esto es, en modo alguno el mediador puede imponer solución alguna ni debe decidir por nadie. La neutralidad y la imparcialidad implican la actitud del mediador de no favorecer a ninguno de los actores, toda vez que carece de intereses en el resultado del conflicto y su único poder de decisión es el de conducir el procedimiento.
    Conviene, no obstante, hacer una reflexión con relación al principio de neutralidad que se define en el artículo 9 del Anteproyecto y que se limita a señalar que las actuaciones de mediación se desarrollarán de forma que permitan a las partes en conflicto alcanzar por sí mismas un acuerdo de mediación, “no pudiendo el mediador imponer solución alguna”. Efectivamente, este es rasgo esencial del principio de neutralidad que inspira la mediación: son las partes las que “por sí mismas” alcanzan un acuerdo “con la intervención de un mediador” (concepto de mediación del artículo 1 del Anteproyecto). Ahora bien, el hecho de que el mediador no pueda imponer una solución no significa que no pueda formular propuestas de solución, o adoptar una actitud activa en busca del arreglo. Y, precisamente, así lo define el artículo 14 (“Actuación del mediador”) cuando le exige no solo que facilite la comunicación entre las partes y que vele porque dispongan de la información y el asesoramiento suficientes sino que “desarrollará una conducta activa tendente a lograr el acercamiento entre las partes, con respeto a los principios recogidos en esta ley”. Por tanto, como ha señalado el Consejo General del Poder Judicial, el Anteproyecto se decanta, a pesar de proclamar el principio de neutralidad, por un modelo de mediación valorativa (en el ámbito anglosajón se habla de evaluative mediation, para distinguirla de la facilitative mediation, en la que el mediador conduce el proceso y ayuda a las partes a gestionar el conflicto, pero sin pronunciarse sobre el mismo ni ofrecer propuestas de solución), lo cual es conforme con el régimen de la Directiva 2008/52/CE (artículo 3.b) cuando define la actividad del mediador. Siendo ello así, quizás el artículo 9 relativo al principio de neutralidad debería hacer una remisión expresa al artículo 14 en la medida que concreta el modo -“conducta activa”- en que ha de llevarse a cabo la mediación por parte del mediador.”

    Bien es verdad que, y a tenor de los argumentos vertidos en este otro debate sobre el mismo tema, http://lnkd.in/bQgzGD, no parece que la delimitación conceptual de lo que se entiende sobre neutralidad (del proceso) e imparcialidad (del mediador) este tan claro como se afirma en el artículo, abriendo un amplio abanico a múltiples matizaciones. Todo ello, sin perjuicio de coincidir con que en el caso concreto de la llamada “mediación en Iberia” no sea, desde un punto de vista técnico, tal “mediación”, al menos en mi opinión, aproximándose, en el mejor de los casos, a la figura híbrida de la “mediación-arbitraje” del derecho anglosajón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *