Mediaciones multiparte: 5 detalles a tener en cuenta al diseñar el plan de actuación

Gema Murciano Álvarez

Redacción Jurídica de Sepín

Cuando hablamos de una mediación multiparte es fácil deducir que se trata de una mediación con una pluralidad de partes intervinientes en el conflicto. Ante la posibilidad de que intervengan varios participantes a nadie se le escapa que va a dotar de mayor complejidad al conflicto pues cada una de las partes aportará su diferente perspectiva de aquél.

A la hora de diseñar una estrategia para finalizar con acuerdo el proceso de mediación, conviene echar un vistazo a los modelos teóricos.

La Escuela de Harvard (Fisher y Ury) no parece la más adecuada en una primera instancia dado que no tiene en cuenta las causas que han llevado a la situación conflictiva y que ya existían antes del enfrentamiento actual.

Dado que propone que la aireación del conflicto por todas las partes se deba ajustar al motivo del desacuerdo, no permite avanzar mucho en el proceso.

No obstante lo anterior, tiene como objetivo llegar a un acuerdo, ya que de no ser así, carece de sentido continuar con el proceso con las otras partes en disputa

El Modelo Transformativo (Bush y Folger), requiere una especial atención al aspecto relacional, y esto viene a significar la conveniencia de que exista una relación previa, de cierta intensidad para que las partes reconozcan la importancia de restablecer una buena comunicación.

No obstante, en una mediación multiparte no tiene por qué darse esa intensidad en la relación,  es la persona mediadora la que tiene que hacer ver a los participantes la importancia de desarrollar una comunicación favorable en la toma de decisiones, una forma de buscar la necesidad de crear nuevos niveles de concienciación y de reconocimiento de las partes en conflicto, manteniendo la consecución de un acuerdo que responda a los intereses y necesidades de cada una de las partes en lid.

Si nos atenemos al Modelo Circular Narrativo (Suárez y Coob), con este modelo se trata de modificar el significado de las historias que han construido las partes y que ponen sobre la mesa de mediación. Esto puede ser difícil ya que las partes no tienen por qué conocerse mucho.

Como ejercicio previo, conviene valorar si merece la pena empezar con la historia común, ya que puede conllevar el empleo de mucho tiempo, lo que alargaría el proceso más de la cuenta.

Sin embargo, la idea de la comunicación funciona como un todo, en ella están comprendidos tanto los mensajes verbales, lo que se dicen entre sí, como los no verbales. Lo que viene a entender la comunicación como un todo significa que las partes no pueden “no comunicar”.

Es decir, si nos atenemos a las Escuelas estándares de mediación, ningún modelo propuesto sentaría las bases teóricas para una mediación multiparte, no obstante, conociéndolas, sí es posible aferrarnos a los puntos que más nos interesan para poder aplicarlos de manera conjunta a estos casos tan concretos.

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Con lo dicho anteriormente, parece ser que una mediación multiparte no debería tratarse de una manera diferente a como lo haríamos en una mediación entre dos participantes, pero se hace necesario tener presente esta peculiaridad pues, desde un punto de vista práctico, hay que realizar un diseño del procedimiento más exhaustivo:

– ¿ Se va a poder negociar con cada uno de los actores entre sí, bien sea de manera personal e individualmente o habrá que negociar con ellos de manera conjunta en una sola mesa de diálogo?

– ¿Se va a poder plantear el trabajar mediante representación? Esta posibilidad puede resultar útil para reducir la complejidad de la mediación. En este caso, conviene poder identificar e incorporar a aquellos que ostentan la representación de una colectividad, (por ejemplo un representante de un Ayuntamiento, de una Comunidad de Vecinos) y a “mediadores” no profesionales si los hubiere (por ejemplo el Patriarca en un clan gitano, o el representante religioso de una comunidad).

– ¿Qué tipo de relación tienen entre las partes? Hay que tener presente que no siempre hay una relación fluida entorpecida puntualmente por el conflicto, habitualmente la relación entre ellas es débil, o está muy deteriorada, a veces es incluso inexistente (por ejemplo entre hermanos por un conflicto de una herencia).

– ¿Cómo es la intensidad de dicha relación? esto es  determinante en una mediación multiparte pues las reacciones de los participantes van a estar influenciadas por el tipo de relación que mantengan entre sí, de forma que si existen apoyos o alianzas entre algunas de ellas, se va a condicionar individualmente la postura que se presenta, por ello, si no conseguimos ubicar adecuadamente el aspecto relacional y la interdependencia necesaria para conseguir soluciones, no podremos avanzar en el proceso.

-¿Las partes van a actuar siempre como se espera? Al estar ante un grupo de personas, debemos saber que los participantes pueden asumir distintos roles a lo largo del proceso: activos, pasivos, cooperantes, desconfiados, conciliadores, hipercríticos, obstruccionistas, líderes, o sometidos, por lo que se deben manejar simultáneamente todos estos aspectos y estar atentos para neutralizar cualquier actitud que incida negativamente en el proceso, haciéndose necesario un equilibrio del protagonismo de cada una de las partes

Y todo ello, como ya hemos indicado, en aras de diseñar un proceso en el que se defina cuándo y dónde serán las reuniones, cuántas serán el número de sesiones aproximadas, ya que este tipo de mediaciones suponen una mayor dedicación de tiempo, o incluso valorar la posibilidad de participar en comediación dada su complejidad, así como definir las reglas del juego.

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