La Navidad también es tiempo de mediación

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Arturo Ortiz Hernández

Mediador. Abogado. Árbitro

Tradicionalmente, en España, se lee el mensaje de los ángeles a los pastores el día de Navidad como “paz a los hombres que ama el Señor”, no obstante, en su versión latina, es mucho más universal y abarca a toda la humanidad, este mensaje es “Pax hominibus bone voluntatis”, cuya traducción es sencilla es “paz a los hombres de buena voluntad”. Es decir los hombres de buena voluntad son bendecidos con la paz, con la serenidad.

Esto hace que, desde mi punto de vista, la Navidad sea un tiempo de celebración para los mediadores, pues ese mensaje, con independencia de las creencias de cada cual, es digno de celebrar. Es un tiempo en el que solemos poner las diferencias a un lado y hablar y reunirnos con personas, incluso de nuestras familias, con las que no tenemos relaciones cordiales y olvidar esas rencillas, aunque sea solo por unas horas. Es un mensaje que no nos cansamos de repetir lo mediadores a donde quiera que vayamos.

También hemos constatado que la mediación recompone, en muchos casos, relaciones rotas y que, a pesar de que la mediación no acabe con acuerdo, cambia la relación y la pacifica o reduce el nivel de agresividad entre las partes. Nos cuentan los Jueces de familia que, incluso las ejecuciones de sentencia, cuando ha habido una mediación, aunque sea fallida, se producen en otro tono.

La mediación es una herramienta fundamental para difundir la Cultura de la Paz, una nueva forma de hacer las cosas, que contribuye a cambiar la mentalidad de los hombres, transforma los conflictos y casi siempre, tras encontrarnos inicialmente en muchas ocasiones con posturas enfrentadas e irreconciliables, estas se transforman en mediación en una colaboración mutua para resolver el conflicto.

Es cierto que requiere un esfuerzo adicional para las partes, pues, en vez de abandonar el problema en manos de un tercero que nos lo solucione, nuestro abogado, nuestro profesor, el Juez, etc., son las partes del conflicto quienes tienen que trabajar para encontrar su solución, con ayuda del mediador.

Requiere, además, un poco de buena voluntad, ánimo de querer resolver el problema y, también, de cambiar de postura y ceder un poco para alcanzar ese acuerdo.

Para transmitir la paz y su cultura, el mediador también ha de transmitirla, así como la serenidad, ha de estar en paz consigo mismo, creo que no debe limitarse a poner en práctica frías técnicas como si de un robot se tratara, la técnica del espejo, del embudo, o cualquiera otra que se nos pudiera ocurrir. Esa paz y tranquilidad las he visto en los grandes mediadores de los que he recibido enseñanzas, recientemente Aldo Morrone en Alicante, gracias a Promediación, por poner un ejemplo, estos mediadores transmiten serenidad de ánimo.

Me gusta, además, comparar al mediador con el hombre bueno que aparece en la legislación española. La Ley de Enjuiciamiento Civil dice que al acto de conciliación las partes podrán ir acompañadas de un hombre bueno, siempre me ha llamado la atención que no dijera de un abogado, expresamente habla de un hombre bueno que les ayudara a encontrar una solución al conflicto. Tradicionalmente en las sociedades o en los grupos en los pueblos, no era difícil que apareciera un hombre o mujer que, por su sentido común y buen hacer, solía encontrar una solución al problema que se les planteara o les ayudaba a encontrar una solución a su problema, me sorprendió gratamente en uno de los cursos que di hace poco, como uno de los alumnos comentaba como en una urbanización cercana a Madrid, cuando había un conflicto, acudían a un vecino que había cogido fama por su buen hacer para que intentara ponerlos de acuerdo, a su manera ese vecino “mediaba”, es ese hombre bueno, los mediadores siempre hemos estado en la sociedad. Ahora la evolución de la sociedad ha hecho que ese hombre bueno se profesionalice y aparezcamos nosotros.

En las Partidas de Alfonso X el Sabio, en el Título IV de la Partida III, en su Ley Tercera y también en otras, cuando se refiere a los hombres buenos (yo precisaría mediadores), les exige:

 “que sean leales e de buena fama e sin mala cobdicia. E que ayan sabiduría, para judgar los pleytos derechamente por su saber o por uso del luengo tiempo. E que sean mansos e de buena palabra a los que vinieren ante ellos a juyzio”.

Estas palabras sobre el hombre bueno, que en las partidas equiparaban a los Jueces, son perfectamente aplicables al mediador, simplemente cambiemos la palabra “judgar los pleitos” por realizar mediaciones y veremos que esa características del hombre bueno hemos de tenerlas como mediadores, y, además, queda una bonita enseñanza.

Cuando las partes están dispuestas con un mediador, con ese hombre bueno, con buena voluntad y ganas de trabajar en alcanzar el acuerdo, la mediación produce un cambio en la manera de afrontar el problema, produciendo como dice una buena amiga y mediadora el fumus bonus Mediationes”, ese buen aroma de la mediación y hace realidad en cada momento ese mensaje de la Navidad de conceder paz a los hombres de buena voluntad. Por ello es que la Navidad es tiempo de Mediación.

 

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