La crisis de los domingos

Maravillas López Egea

Documentación Jurídica de Sepín

En determinadas épocas del año en las que tenemos más carga de trabajo de la habitual, muchos de nosotros hemos tenido esa molesta sensación de inquietud que nos invade los domingos a media tarde y que en ocasiones llega incluso a desvelarnos o no dejarnos dormir esa noche del domingo al lunes…

Antes de profundizar en la cuestión jurídica relacionada con este asunto hemos de definir el estrés como la respuesta fisiológica y psicosomática del organismo que surge a modo de defensa cuando nos vemos acechados por situaciones agobiantes o tareas que nos suponen un sobreesfuerzo. Cuando la situación de tensión es mantenida en el tiempo se produce una sobrecarga de presión que puede llegar a convertirse en una patología, transformando los síntomas iniciales en disfunciones que afectan a la calidad de vida diaria de la persona que lo sufre.

Un porcentaje bastante amplio de las incapacidades temporales reconocidas en el contexto socio-económico actual de crisis de nuestro país, tienen cómo origen el estrés proveniente del ámbito laboral, derivado entre otras causas, de un ambiente de trabajo insatisfactorio, de un exceso de responsabilidad en relación con las capacidades del trabajador o de la sobrecarga de trabajo.

Veamos a continuación cómo afecta el estrés a un sector laboral concreto como es el sector comercial y de ventas, y concretamente vamos a analizar si el estrés laboral fue o no la causa de la incapacidad sufrida por el comercial-consultor sujeto de la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía el pasado 28 de Mayo de 2014 y protagonista de nuestra “crisis de los domingos”.

En la sentencia se confirma la incapacidad permanente absoluta previamente reconocida al trabajador, admitiendo la existencia de nexo causal entre el ictus cerebral sufrido por el trabajador en su domicilio y la situación de estrés que soportaba en el ejercicio de su profesión como comercial.

Hay determinadas profesiones en las que se trabaja con un índice de estrés más elevado que en otras. Cómo es bien conocido, la actividad que desarrollan los comerciales está sometida a una gran presión, puesto que estos trabajadores habitualmente reciben un salario base ajustado, dependiendo en gran medida el resto de su sueldo del porcentaje comisionado por las ventas realizadas. Siendo además el ritmo de trabajo bastante alto debido a la necesidad de llegar mensualmente al objetivo de ventas fijado por la compañía. A esto hay que sumar la frustración psico-emocional que suponen las constantes negativas a la compra o incluso en ocasiones los malos modales por parte de los clientes, que suelen recibir estos profesionales. Y es que, no nos engañemos, al margen de los buenos resultados que un comercial pueda obtener debido a su gran profesionalidad, no nos encontramos ante una profesión “apetecible”, ningún niño sueña de pequeño con ser comercial… por eso, a pesar de los altos índices de desempleo existentes en la actualidad, siempre hay ofertas de empleo como comercial.

A todos estos inconvenientes comunes a la mayoría de los profesionales de la citada categoría, en el caso concreto que nos ocupa hemos de añadir otro motivo de inquietud para nuestro protagonista: la perspectiva de poder ser nombrado Director Comercial en un futuro próximo según un proyecto que manejaba la empresa del que el trabajador era conocedor.

Todas estas causas formaron un cóctel perfecto para llevar al trabajador, en los días previos al ictus, a encontrarse especialmente estresado, con síntomas fisiológicos que le indicaban que estaba sobrepasando sus límites de ansiedad, teniendo incluso que irse el viernes a la salida del trabajo a descansar el fin de semana a una casa en el campo, debido a los mareos que sufría. Sobreviniéndole finalmente el infarto cerebral en su domicilio en la madrugada del domingo al lunes.

El apartado 3º del artículo 115 de Ley General de la Seguridad Social, donde se recoge el concepto de accidente de trabajo, exige para que actúe la “presunción de laboralidad”, la necesidad de que el operario se encuentre en su puesto de trabajo, realizando actividad concreta, física o intelectual que pueda determinar la vinculación del evento dañoso con el trabajo. Esta es la clave de la sentencia que estamos analizando: la conexión “tiempo-lugar”, que como acabamos de ver en este caso no se da…

¿Cómo llega entonces el tribunal a reconocer esta situación cómo accidente laboral?

Si atendemos a la concreta necesidad de que el trabajador ha de encontrarse en su puesto de trabajo, realizando actividad concreta que determine la vinculación del evento dañoso con el trabajo, tal y como se desprende de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de 3 de Diciembre de 2009 y de la del Tribunal Superior de Justicia de Castilla La Mancha de fecha 17 de Diciembre de 2008, dictadas en interpretación del artículo 115.3 Ley General de la Seguridad Social en relación con el artículo 34.5 Estatuto de los Trabajadores, no puede calificarse como accidente de trabajo el ictus cerebral sufrido por el comercial, puesto que le sobrevino en su domicilio, en la madrugada de un lunes, habiendo dejado su trabajo el viernes anterior.

La respuesta a nuestra pregunta tendremos que ir a buscarla entonces al apartado 1º del artículo 115 de la Ley General de la Seguridad Social, donde no se cierra la posibilidad de que determinadas enfermedades de etiología incierta, puedan llegar a tener la consideración de accidente de trabajo, cuando se manifiestan fuera del lugar y tiempo de trabajo, no operando la presunción de laboralidad que establece el número 3 del artículo 115 de la citada Ley. Siendo precisa entonces la acreditación por parte de quien sufre la dolencia, de la existencia de la relación de causalidad entre el evento dañoso acaecido y el trabajo realizado. Acreditación que se da en este caso al quedar patente la situación de estrés que vivía el trabajador y no constando además que se encontrara previamente afectado de ninguna otra patología que pudiera suponer un riesgo de infarto cerebral.

Otra vertiente muy interesante sobre este tema, que dejaremos abierta a los lectores por tratarse de un aspecto más psicológico que jurídico del mismo es: la calificación pericial de las causas de estrés como objetivas o cómo subjetivas. Es evidente que en el caso que nos ha ocupado no hay duda posible, los estresores objetivos han sido necesarios y suficientes para generar el cuadro de estrés laboral, pero ¿los estresores objetivos son percibidos de la misma forma por todos los trabajadores? ¿todas las personas partimos con los mismos recursos subjetivos para enfrentarnos a los factores laborales estresantes?

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5 comentarios en “La crisis de los domingos

  1. En una pancarta exhibida en MELBOURNE en 1856, se leía:
    «8 HOURS LABOUR
    «8 HOURS RECREATION
    «8 HOURS REST.»

    O sea: 8 horas de trabajo; 8 horas de recreación; 8 horas de descanso…

    Y cuánta sangre, cuánto sudor y cuántas lagrimas se hubieron de derramar antes de 1856, después de 1856 e incluso ahora para de forma digna, poder hacer plenamente real el contenido de la pancarta a que antes me refería…

    Pero hay más: a quienes – con todo derecho – se puedan lamentar de que aquél contenido no se cumple, pues en la jornada de trabajo hay verdaderos excesos y abusos, en detrimento feroz de los otros derechos, otras muchas personas les pueden decir- y digan – ¡ dichosos vosotros que tenéis trabajo…¡

    ¿ Hasta cuando ?.

    • Gracias por su comentario en nuestro Blog.

      La ecuación a la que usted se refiere en teoría es perfecta, pero a la hora de llevarla a la práctica nos damos cuenta de que esos compartimentos de 8 horas no son estancos y si dejamos que, poco a poco, la vía de agua que pudiera abrirse (en forma de estrés) en el compartimento de las 8 horas de trabajo, vaya inundando el resto de compartimentos, podemos llegar al hundimiento que describimos en el post, dejando que esa fórmula se convierta en: 8 horas de trabajo; 8 de inquietud; y 8 de insomnio.

      De modo que, aunque no podamos responder a su: ¿hasta cuándo?, si que tenemos a mano una opción (trabajosa pero no imposible) que solo depende de nosotros mismos: tratar de impermeabilizar, en la medida de lo posible, nuestros compartimentos vitales.

      Gracias de nuevo por leernos. Un saludo.

  2. Su artículo me parece muy bueno. A mí particularmente me ha impactado porque llevo padeciendo durante muchos años eso que Vd. llama la «crisis de los domingos», tal y como Vd. la describe, sin saber que era estrés y puede que incluso algo más que estrés. Al igual que el Tartufo de Molière que llevaba 50 años hablando en prosa sin saberlo, yo llevo otros tantos padeciendo la crisis de los domingos sin saber lo que era.
    Aparte de la anécdota personal, su artículo me ha gustado mucho. Reciba mi felicitación por ello.

    • Le agradecemos la lectura de nuestro Blog.

      Sin duda el estrés, al igual que los tartufos (trufas) en la tierra, se esconde a unos centímetros de la superficie y nos cuesta reconocerlo. Solo hay que QUERER SABER que nos pasa y una vez que aflora y le ponemos cara puede que estemos en el inicio de la curación.

      Muchas gracias por su felicitación. Un saludo.

      • Buenos días. sigo con interés estos pots y ojalá hubiera más debate. Leo que para resolver el problema o parte del problema, «sólo hay que QUERER SABER…» Pero desde mi modesto punto de vista entiendo que la gente a la que se dirigen estos comentarios, saber, claro que saben… Saben, entre otras muchas cosas, que ESTO ES LO QUE HAY o lo que es igual y por seguir el dicho más popular:SON LENTEJAS, SI LAS QUIERES LAS TOMAS Y SI NO LAS DEJAS. Y ante cualquier sugerencia – no digamos nada si en ver de sugerir hay crítica y/o queja – lo habitual es lo que antes digo: «ESTO ES LO…» SON LENTEJAS…» O lo que es igual: te vas, te damos – si te damos – cinco euros Y TE VAS AL PARO, y – puede que incluso le digan – ahí si vas a conocer lo que es el stres, la angustia… Repito: saber, saben… Y si no que se lo pregunten – por ir a un caso reciente (entre cientos) – a quien por querer conciliar trabajo y familia, fue puesta de patitas en la calle y quién cometió la tropelía ha sido «regañado»,sí, pero sigue al frente del Organismo en cuestión…» «Res non verba», decían los latinos. Es decir, hechos y no palabras. Desde luego habrá que hacer…

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