“Alma de cántaro” al volante

Roberto Guimerá Ferrer-Sama

Codirector de Sepín Tráfico. Abogado

light-427961_1280Sin que sirva de precedente, hoy voy a hablar aquí en primera persona. Cada vez se afianza mas en mi cabeza la certeza de ser lo que vulgarmente se conoce como un “alma de cántaro” al volante y que la autoridad de tráfico ejerce sobre mí una conducta tan excesivamente coactiva y abusiva como injusta. Me explico, ya verá el lector cómo se solidariza con mi sensación.

Ya quedan muy atrás mis primeros años como conductor, en que el volante y la carretera a veces me envalentonaban, para pretender ofrecer a los demás una falsa imagen de duro y avezado piloto, y en que nuestras vías urbanas e interurbanas se convertían en pistas de carreras, llenas de molestos obstáculos -los otros vehículos y el peligroso incordio de los agentes de tráfico. Lamentablemente hoy día observo con frecuencia esas mismas conductas en gente joven y con turismos mucho mas potentes, y aunque me veo a mí mismo a su edad, me echo las manos a la cabeza, abro mas los ojos y pongo el pie muy cerca del freno. Cuando no recibo algún recordatorio hacia mi madre, mis antepasados, o incluso alguna peineta, al dirigirles un toque de claxon o de luces increpándoles esa forma peligrosa de conducir. En ocasiones te arriesgas de mas pues la agresividad que veo en algunos conductores es hasta histérica.

Con el tiempo, y a la par con mi progresiva maduración personal, mi forma de conducir fue ganando en prudencia. Alguna que otra sanción de tráfico también contribuyó en relevante medida a acelerar esa paulatina moderación. Hasta llegar al presente, 37 años después de mi alta al volante, y consumiendo bastantes kilómetros a diario, en que me considero un automovilista no sé si bueno o malo, pero al menos experimentado y además, y sobre todo, prudente, tanto que a veces soy víctima de la rechifla de mis propios hijos. Ya estoy mayor.

Ciertamente en determinados tramos de nuestras carreteras urbanas o interurbanas los límites de velocidad a mi juicio están muy desajustados, en especial algunos que marcan velocidades de circulación tan bajas que lo que realmente consiguen es entorpecer la circulación. No hace mucho mi mujer resultó multada en uno de esos tramos por rebasar ese límite de forma inconsciente y muy poco por encima, a las nueve de la mañana de un domingo en que apenas había circulación y sin que ese mínimo exceso resultara peligroso ni para ella ni para los escasos restantes vehículos, alguno de los cuales circulaba incluso a mas velocidad, sin que obviamente le conste si también resultó sancionado o no. El radar fue implacable. Se te queda cara de tonto.

Una sensación similar tengo a diario cuando regreso a mi domicilio desde mi trabajo, a las afueras de Madrid. Existe un trecho en el que hay que atravesar dos túneles seguidos con velocidad limitada a 80 Km/h. Les aseguro que siempre respeto escrupulosamente ese límite circulando a esa misma velocidad por el carril derecho. Pues resulta que siempre (y digo siempre) me adelantan por mi izquierda montones de vehículos de todo tipo que superan con creces aquel límite, me atrevería a decir que algunos hasta lo duplican. Todos los días me pasa por la cabeza la interrogante de si esos infractores llegan a ser sancionados; obviamente deberían serlo, pero juraría que en ese tramo no hay instalado cinemómetro ni cámaras. No puedo eludir la sensación de “pardillo” que se me queda, máxime cuando me acuerdo de la multa que le cayó a mi mujer a que me acabo de referir.

Y no digamos cuando estás rebasando un semáforo que sabes que cuenta con cámara y que esta salta prácticamente décimas de segundo después de que la luz de aquel empieza a cambiar a color naranja. De ese tipo de semáforos contamos con unos cuantos en la capital. Ya va uno sin vivir en sí cuando le toca rebasar uno de ellos, sobre todo si conoce de antemano su exacta ubicación. Y no digamos cuando la desconoce. Traspasarlo aún en verde genera una emoción indescriptible (“hoy no he caído en la ratonera”) y la respiración recobra su normalidad. Pero ¡ay, si te pilla a punto de rebasarlo y comienza ese cambio de color! La impotencia en esta situación es paralela a las dudas que de pronto se te generan y que debes resolver también en décimas de segundo, con la subsiguiente y rapidísima orden de tu cerebro a tus pies: ¿qué hago? Si pego un frenazo brusco, el vehículo que circula inmediatamente detrás de mí me puede embestir por detrás, y el de atrás con él, una cadena. Por el contrario, si acelero para evitar esos potenciales peligros y rebaso el semáforo aunque aún se halle en color ámbar, la cámara saltará y la sanción golpeará mi bolsillo y la resta de puntos herirá mi carné. Eso sí, siempre voy bien peinado para la posible fotografía.

Esos semáforos constituyen un injusto sinvivir para los conductores. Estamos indefensos ante estos artificiales escenarios creados por nuestra autoridad de tráfico claramente para recaudar. Aquí en realidad no se sanciona una imprudencia sino una indecisión provocada por la propia autoridad sancionadora.

A este tipo de semáforos sancionadores nos referimos hace un tiempo en este mismo blog.

Hace pocos días volví a padecer en mis carnes esa indecisión y falta de reflejos inmediatos: el semáforo cambiaba a color ámbar en el mismo instante en el que la rueda delantera de mi vehículo pisaba el inicio del paso de peatones, y aunque circulaba a poca velocidad, con el frenazo solo conseguí detener el vehículo una vez ya rebasado en su totalidad dicho paso. La escena era ridícula: mi coche se hallaba ya totalmente parado acto seguido del paso de cebra, en plena recta sin cruce alguno que la atravesara y los peatones cruzaban la calzada a las espaldas de mi turismo mirándome con una curiosa sonrisa. Como ya había rebasado el semáforo y el paso de cebra, y sin que tuviera ningún sentido permanecer parado en ese punto ni continuar siendo el hazmerreír de los peatones, opté por reemprender mi marcha, aunque aún conservo la incertidumbre de si la escena fue o no registrada por la cámara del semáforo y por lo tanto, si en unos días me llegará o no la temida “recetita”.

A todo esto, entre otras experiencias, me refería cuando al inicio de estos párrafos apuntaba que me considero un “alma de cántaro” al volante. Lucho por dar riguroso cumplimiento a todas y cada una de las normas de tráfico, incluso a aquellas que subjetivamente no logro comprender. Pero a pesar de mis denodados esfuerzos la autoridad de tráfico acaba por salirse con la suya en algún momento y de vez en cuando me cuela una sanción administrativa por una infracción no solo ya carente absolutamente de dolo, por supuesto, sino tampoco de culpa ni imprudencia, ni siquiera leve, se lo aseguro. Es la sensación del que no habla en clase pero es castigado por ello, cuando los verdaderos charlatanes siempre “se van de rositas” y además riéndose del profesor y del sancionado.

Me considero un ciudadano cumplidor, pago todos mis impuestos, estatales y municipales, pero el gigante administrativo no tiene suficiente con eso y consigue sus complementos en forma de multas. A este respecto es tremendamente elocuente el estudio elaborado por la Fundación Línea Directa, comentado por el diario El Mundo, cuya lectura recomiendo, el cuál concluye que los Ayuntamientos son los entes administrativos que mas sancionan, seis veces mas que la propia Dirección General de Tráfico, y singularmente los de Barcelona, Madrid y San Sebastián. Se habla de 460 multas cada hora, supongo que en el total de la geografía nacional, con un importe medio de 208 € cada una. Multipliquen Udes. El Estado cuenta con un negocio redondo, a costa en buena parte de un montón de “almas de cántaro”.

7 comentarios en ““Alma de cántaro” al volante

  1. Apreciado Roberto, te comprendo perfectamente, ya que por edad y experiencia en años de conducción creo que soy otra “alma de cantaro”, pero por lo que describes yo llego a la conclusión de que aquellos que juegan diariamente con su vida y la de los demas les llega en algun momento la “papeleta” y que la educación y formación en seguridad vial dista mucho de estar cerca de la mayoria de conductores que solo saben acelerar y desconocen un pedal del coche que se llama; FRENO.
    Lo del semaforo ya sabes , pero lo recuerdo que la luz amarilla es para detenerse pero si estas tan cerca del lugar de la detención que no lo puedes hacer en condiciones de seguridad , no es sancionable el pasar el semáforo. Yo soy más ingenueo que tú y creo que las almas de cantaro no pagamos tanto como los “listos” que circulan con grave riesgo.

  2. Estimado Roberto, excelente cabreo-reflexión, seguro que es suscrito por un tanto por ciento elevado de conductores. Yo cada vez lo tengo más claro, la aplicación que realizan las instituciones, sobre todo las autonómicas y locales, no van buscando el objetivo que se encuentra incardinados en la exposición de motivos de dichos textos normativos, que por cierto, muy pocos leen, y como dice el refrán “es toro hasta el rabo”. Además del objetivo recaudatorio, y aprovechando el momento electoral que nos encontramos, tiene un objetivo electoral o de compra de voluntades, dándose la paradoja que en un lugar de la ciudad una acción puede ser considerada una infracción y otro lugar no, amparándose en no se que “poder discrecional”, expresión que nunca he encontrado en ningún texto legal en materia de tráfico.

    Un saludo.

  3. No entiendo esas sanciones en naranja.
    Si la distancia de seguridad que exige la ley de separación entre vehículos es, expresada en metros, el cuadrado de la velocidad expresada en miriámetros/ h – vieja unidad del sistema decimal (1 miriámetro = 10.000m = 10km) pero no del vigente sistema internacional de unidades – quiere decir que circulando a 50 km / h = 5 Miriámetros /h uno no está obligado a circular a 25 m del coche precedente ¿quien lo hace? para poder frenar en menos de 25 m.
    Si tenemos en cuenta que el vehículo que nos sigue no respeta esa distancia -¡sin que ninguna cámara de vigilancia le ponga multa alguna pese a no respetar la distancia de seguridad que exige el Código! – en el momento en el que cambie el semáforo a ámbar uno tiene derecho ¿u obligación? de frenar dentro de esos 25 m ¡para evitar el riesgo en la circulación que implica un frenazo brusco clavando el coche!.
    Clavarlo para no cruzar recién puesto en ámbar provocaría un elevado riesgo de que nos golpee el coche que va detrás ¡y que hemos comprobado que no circula a 25 m de distancia del nuestro! Frenar con prudencia es una exigencia legal que evitar el riesgo de daño material del vehículo – una pérdida de la riqueza nacional – y el riesgo evidente para nuestra seguridad de un golpe que nos produzca un latigazo cervical que nos puede acompañar hasta la muerte. Eso le ocurrió a una tía de mi mujer que circulaba en un 600 y fue golpeada por un inmenso “haiga”, 1,5 toneladas, aquellos de matrícula 110.000 que tenían los norteamericanos en los años 60 que además de ir con un collarín durante más de seis meses le dejó una secuela de porvida que, de vez en cuando le provocaba unas jaquecas brutales consecuencia de aquel golpe.
    Una vez recibí un golpe de un mini-van de 9 personas y el salto que le hizo dar a mi 500 fue de 8 m con lo que casi me puso en medio del cruce. Felizmente no me pasó nada en las cervicales.
    Otra vez frené con el semáforo en rojo y el taxista queme dio el golpe se bajó y me increpó por haber frenado. Cuando le dije que era él quien había cometido la infracción se disculpó: “creía que se iba a saltar el semáforo”. Felizmente tampoco esa vez tuve ningún problema cervical porque los coches eran de igual peso.
    Si frenamos con deceleración constante, que es lo más adecuado por lo dicho, eso equivale a circular con una velocidad media de 25 km / h = 6,9 m/s, lo cual significa un tiempo de 25/6,9 = 3,62 s que es más tiempo del que dura el semáforo en ámbar.
    En esas condiciones pasarse el semáforo en ámbar en lugar de clavar el coche y quedarse en la mitad del paso de peatones, es la decisión correcta legalmente si estamos a menos de 25 m del paso de peatones, no así si estamos unos cuantos m más antes de él.
    Esta explicación física demuestra que las exigencias de la ley son incongruentes entre sí y por lo tanto inexigibles.
    Ésa sería la argumentación que yo emplearía si me pusieran una multa por pasarme un semáforo en naranja.
    El segundo argumento sería el de que si el coche que me sigue no respeta la distancia de seguridad tendrían que multarle a él antes que a mí que, si cruzo en ámbar, es para protegerme de no ser golpeado, lo cual hago sin provocar ningún riesgo para nadie!

    • Estimado Alfonso, buenas apreciaciones. Pero nuestra regulación la Ley de Tráfico y Reglamento de Circulación, artículos 20 y 54, respectivamente, no establecen una medida concreta, excepto en el caso de que el vehículo que circula detrás de otro, si su MMA es superior de 3500 kilogramos o mide más de 10 metros, debe dejar entre su vehículo y el que precede una distancia mínima de 50 metros. La distancia en los demás caso es una cuestión de buena fe de los conductores, porque hay tantos factores que pueden determinar cual es la correcta que no se puede objetivar.

      Un saludo.

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